Hay experiencias que cambian la perspectiva de uno para siempre. Tumbarse sobre la arena del desierto del Sahara en plena noche y mirar hacia arriba es una de ellas. Sin edificios, sin farolas, sin ruido — solo tú y un cielo que parece infinito.

Merzouga es uno de los lugares con menor contaminación lumínica del norte de África. Esto la convierte en un paraíso para la observación astronómica. La Vía Láctea se despliega con una claridad impresionante, las constelaciones parecen tener vida propia y las estrellas fugaces cruzan el firmamento con una frecuencia que sorprende a quienes llegan por primera vez.

Se calcula que el 80% de la población mundial ya no puede ver la Vía Láctea desde donde vive — en Merzouga, es parte del paisaje habitual. El horizonte completamente abierto del desierto, el clima árido y la ausencia de humedad crean condiciones atmosféricas casi perfectas para contemplar el cosmos.

Una experiencia que pone en perspectiva lo pequeños que somos — y lo grande que puede ser un momento.

Cielo Nocturno Merzouga

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